LA MUERTE EN LOS OJOS JEAN-PIERRE VERNANT PDF

Lists with This Book. Moyokoyani Armando rated it really liked it Oct 22, Born in Provins, France, Vernant at first studied philosophy, receiving his agr Jean-Pierre Vernant was a French historian and anthropologist, specialist in ancient Greece. To ask other readers questions about La muerte en los ojosplease sign up. Violet Flavour rated it it was amazing Jul 28, Email address subscribed successfully.

Author:Gojin Tet
Country:Puerto Rico
Language:English (Spanish)
Genre:Music
Published (Last):19 November 2005
Pages:344
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ISBN:458-8-14343-705-7
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Euripides: Tragedias, Madrid, Plutarco: Vidas paralelas, Buenos Aires, Ateneo, Traduc- ion de Antonio Ranz. Indice Sus funciones. La Nodriza. La batalla 2. De la marginalidad a lo monstruoso La mascara de Gorgo Un rostro aterrador.

La flauta y la mascara. La danza de Hades Desde Iuego que se trata de un personaje atractivo, en cuya juventud se conjugan muchos encantos con grandes peligros. Se trata esencialmente de tres Potencias del mis alla: Gorgo la gorgona Medusa , Dioniso y Arte- misa. Sintesis de cursos y trabajos, afio y siguientes hasta El concepto de alteridad, aunque vago y excesi- vamente amplio, no parece anacronico en la medida que los griegos lo conocieron y emplearon.

Dioniso ensefta u obliga a Jo. Es la Cazadora, la que recorre los bosques, la Salvaje, la Flechadora que mata a las bes- ttias salvajes con sus dardos y, en ocasiones, lanza sus as contra los seres humanos, provocando a las lujeres una muerte repentina e inesperada. En el caso de la diosa, el iteto que la ealifica de chruselikatos, de la flecha de oro, im- itgen. Vean- Ta Odisea, 5, ; 11, ; 18, ; 20, 60 y En funcion de dos rasgos.

Pero aparte de las montaiias y los bos. Al perseguir a las bes- tias para matarlas el cazador se introduce en el domi- nio de lo salvaje. Se introduce, pero no debe avanzar demasiado; muchos mitos se refieren precisamente a las amenazas que acechan al cazador que franquea ciertos limites: peligro de caer en el salvajismo, en la bestialidad.

Pero la caza se practica en gru- po y con una disciplina; es una arte controlado, regla- mentado, con normas estrictas obligaciones y prol biciones. Solamente cuando viola esas normas socia- les y religiosas, el cazador se aparta de lo humano y se vuelve salvaje como los animales a los cuales se en- frenta. Al velar celosamente por el respeto a las nor- mas, Artemisa legitima la intangibilidad de una fron- tera cuya fragilidad extrema es puesta de manifiesto por la caza, en la medida que la cuestiona en todo momento.

Por consiguiente, Artemisa no es el salvajismo. Actiia de manera tal que las fronteras entre el salva- jismo y la civilizacion se vuelven permeables, por asi decitlo, porque la caza permite atravesarlas. Iiso es Io que les sucedi6, segtin Polibio, a los arcadios tle Kynaitha en el siglo TI, Por abandonar los ritos y costumbres preconizados por la diosa, regresaron a un estadio anterior a la civilizacion; al abandonar los Pueblos y las ciudades, al replegarse en si mismos, se masacraron unos a otros haciendo gala de la misma fe- tocidad que impulsa a las bestias salvajes a devorarse entre ellas.

Su funcion es ali mentarlos, hacerlos crecer y madurar hasta que se vuel- Van acabadamente adultos. Conduce a los hijos de los mbres hasta el umbral de la adolescencia, que ellos, al abandonar la infancia, franquean con su beneplici. La nifia crece con tanta rapi- dez que en pocos afios adquiere la estatura, la fuerza y todo el aspecto de un adulto. Su belleza y su con- ducta no son infantiles. Es tan viril que aterra a quie- nes la conocen.

Nada en ella era propio de su sexo Reunia dos cualidades igualmente asombrosas: belleza incomparable y un aire que provocaba te- rot. Por eso, en Atalanta todo se confunde: la niffa, la pais, no se distingue de la mu- jer madura; la joven, en lugar de diferenciarse del va- ron tiende a una hipervirilidad; la criatura humana se Yuelve osa. Justamente, el mundo de Artemisa no es el de talanta, no esta encerrado en si mismo ni se aferra a alteridad.

Se abre a la edad adulta. El rol de Artemi- consiste en pieparar a los jovenes y abandonarlos el momento preciso; ella instituye los ritos me- iante los cuales les otorga libertad y los acompaiia a otra ribera, al territorio del Mismo. Una osa sal- je que habia abandonado los bosques para domesti- gtadualmente en el santuario de la diosa, acos- brarse a frecuentar a los hombres y conocer su ino familiar. El parto Diosa virgen, que rechaza todo contacto amoro- so, Artemisa es, sin embargo, con el nombre de Lochia, la patrona del parto.

El alumbramiento es a la 1 Souda s. Montepaone, C. Por tra parte, el alumbramiento constituye un aspecto de Animalidad dentro de la institucion social del matri- monio. Se la invoca como salvadora en i icas, cuando peligra la superviven- le una ciudad amenazada por la destruccion. Arte- interviene en el enfrentamiento cuando el em- excesivo de la jolencia rompe los mareos civili- 29 —s J zados en cuyo interior rigen las normas de la lucha militar, y la impulsan brutalmente al salvajismo.

A los segundos les otorga una hiperlucidez, los guia milagrosamente en medio de las tinieblas o ilumina su espiritu mediante una stibita inspiracion. Nuevamente la presencia de Artemisa, esta vez. Tal es el caso de la Artemisa Taurica, cuyo " idolo, traido por Orestes del pais de los escitas, se dis- putaban Atenas y Esparta. Extranjera, barbara, salvaje -y sanguinaria, la Artemisa Taurica pertenece a un pue- blo situado en las antipodas de Grecia.

Los tauros de Escitia desconocen las leyes de la hospitalidad. Encarnan el dxenon, el dmikton, el no hospitalario, que rechaza el contacto con el otro. Vilizado, propia del salvaje, sino, por el contrario, la capacidad de integrar en su seno lo que le es forineo, de asimilar al otro sin caer en el salvajismo, Io que es propio de la cultura. El Otro como componente del Mismo, como condicion de la propia identidad. En este sentido abundan los ejemplos, desde la Arte- misa de Tindaris a la Triclaria de Patras y la Orthia de Esparta.

Para los griegos Orthia es la Artemisa barbara, la escita. Los diversos componentes de la Esparta areaica, las cuatro dbai, o tribus, cada una en su terreno, en su dominio, y en principio foras- teras entre si, se reunieron en torno del altar de la diosa para ofrecerle un primer sacrificio comin.

Kern ; Arnobe, Adversus Na- tiones, V, 25, pags. Existen por lo demas dos versiones miticas de la risa de Demeter en busca de su hija, y en cada una de ellas la protagonista recurre al escandalo para provo- car la risa que libera a la diosa de la tristeza, pero en planos diferentes. Se puede considerar a Iambe el femeni- no de Iamoos, el yambo, con su musicalidad de can- to satirico, poesia de invectiva y mofa.

Las Erinies no tienen alas ni mascara; las Harpias tie- nen alas, pero no mascara; solamente las Gorgonas presentan, ademas de alas, el rostro mascarado.

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